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sábado, 12 de febrero de 2011

viernes, 11 de febrero de 2011

Cartel colocado en la puerta de un espacio terapéutico


El catarro, te hace llorar cuando el cuerpo no llora.

El dolor de garganta se impone, cuando no es posible comunicar las aflicciones.

El estómago arde cuando las enfados, la rabia, la represión, no consiguen salir.

La diabetes invade cuando la soledad duele.

El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.

El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.

El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.

La alergia aparece cuando el perfeccionismo se vuelve intolerable.

Las uñas se rompen cuando las defensas están amenazadas.

La tension sube o baja, cuando el miedo aprisiona.

El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.

El corazón se infarta cuando no nos aceptamos.

Las neurosis paralizan cuando "el niño interno" tiraniza.

La fiebre quema cuando las defensas las fronteras de la inmunidad se ven amenazadas.


La plantación es libre de elegir, la cosecha que se obtiene, obligatoria ...
Presta atención a lo que estás plantando, porque eso mismo será lo que cosecharás.
¡¡Sé Feliz!!

SIETE FRASES

QUE SIEMPRE DEBEMOS UTILIZAR…

1.- Te Amo:

Ningún ser humano puede sentirse realmente feliz hasta escuchar que alguien le diga: "te amo". Atrévete a decirlo si es que nunca lo has hecho, haz la prueba y verás el resultado.

2.- Te Admiro:

Todos, en algún momento, sentimos la necesidad de que se nos reconozca algún logro o meta alcanzada...¿Cuándo fue la última vez que le dijiste esto a alguien?

3.- ¡Gracias!

No hay mejor forma de decir a una persona que es importante lo que hace por nosotros, que expresarle un ¡gracias!, no en forma mecánica, sino con pleno calor humano.

4.- Perdóname, me equivoqué:

Decir esto no es tan fácil, sin embargo, te hará sentir bien contigo mismo.

5.- Ayúdame, te necesito:

Cuando no podemos o no queremos admitir o expresar nuestra fragilidad o necesidad de otros, estamos en un grave problema. No te reprimas. Pide ayuda!

6.- ¡Te escucho...háblame de tí!

Tal vez muchos problemas y mal entendidos se resolverían si tan sólo escuchásemos lo Que nos tratan de decir.

7.- Eres especial!!!

Es importante hacerles saber lo especial que son para nosotros las demas personas..


No hagas promesas si estás contento!
No respondas si estás triste!
No tomes decisiones si estás enojado!

El mismo lado de la cama (Toni Zenet)

Y sin embargo

El mejor líder

El mejor líder es aquel que no se nota cuando no está.

El mejor líder
es aquel a quién ni siquiera se le nota esa condición. No se va anunciando como tal y, sin embargo, va imponiendo su sello.

“Tres cosas son necesarias para poder gobernar: armas, comida y confianza .
Si no se pueden tener las tres, se debe abandonar primero las armas y en segundo lugar la comida.” Confucio

Desde la gestión por confianza de Gasalla al liderazgo por confianza

  • Las cuestiones emocionales y motivacionales pueden influir más en el rendimiento del trabajador que las condiciones físicas que rodean al trabajo.
  • Migrar el modelo de competitividad, tan extendido en el mundo empresarial hacia una colaboración en la competición, pero hace falta confianza, y saber gestionar el nivel de esta en grupos y personas
  • Dar más confianza, no implica exigir menos.
  • Las personas con talento son el principal diferencial de la empresa, por lo que es imprescindible la creación de “espacios de confianza” para que este aflore.
  • Del miedo a la confianza, y de la confianza al compromiso.
  • Implantación de el modelo de las 6C por parte de las persona que gestionan, es decir los managers:

Claridad: Hablamos de verdades, de lo que se espera

Compromiso: Antes de pedirlo a los demás debe demostrarlo uno

Cumplimiento: Hay que cumplir lo que se promete

Consciencia: De lo que hacemos y como repercute en la empresa

Coherencia: Que halla una relación directa entre lo que decimos y lo que hacemos

Consistencia: Que nuestra forma de proceder se mantiene constante y alineada con unos principios.

  • Además se debe facilitar la potenciación de la autoconfianza (6C+C) entre los trabajadores.
  • C+C=C. Tampoco es cuestión de aceptar todo. Confianza + Control = Constante

Me parece un modelo con un potencial enorme, no obstante sólo quiero matizar algunos aspectos. Recientemente ha caído en mis manos un libro también enorme, Tribes, de Seth Godin, que trata desde una perspectiva moderna nuevas visiones sobre el liderazgo y la creación de comunidades. Y en principio me ha parecido que lo que comenta Gasalla por un lado, y lo que expone Godin en su libro pueden entroncarse perfectamente.

Cambiemos la perspectiva del modelo de gestión de Gasalla, e intentemos hablar de un modelo de liderazgo. Ciertamente es un salto cualitativo.

Pero para pasar a ese modelo de liderazgo, además de las 6C necesitamos que las personas que gestionamos este alineadas en cierto grado con lo que pensamos, hacemos, y además que les emocione lo que representamos. Estamos hablando de personas que elijan seguirnos, y no de trabajadores motivados.

Por lo tanto para que este modelo se convirtiera en un modelo de liderazgo la selección de personal en la empresa sería igualmente estratégica y compleja.

jueves, 10 de febrero de 2011

ITHACA, el nacimiento de un nuevo sistema, solidario y sostenible!!!!


Mientras un sistema decae y se precipita hacia su desintegración, otro/s sistemas florecen…muy muy interesante esta ciudad que ha nacido y de la que se están copiando otras ciudades de EEUU…Ithaca!
Pero esto no sólo está ocurriendo en EEUU sin en todo el mundo occidental…incluido España….algunos de los aquí copiados de hecho ya estáis viviendo en sitios similares…y otros estamos en proceso de cambio….y cuando más apriete y dure la crisis, más personas abandonaran el sistema antiguo para participar en el nacimiento de nuevos sistemas, más solidarios, honestos y sostenibles con la naturaleza.


Cuando cambias la forma de ver las cosas, la forma de las cosas cambia…


Numerosas ciudades han puesto fin a la cultura del coche y del chalé adosado y han hecho del ecologismo su religión.
Hay un lugar en Estados Unidos donde cerró un McDonalds por falta de negocio. Un lugar que ha puesto en marcha su propia moneda local (las horas), con una bucólica ecoaldea camuflada en un vergel de bosques y lagos, con un fastuoso mercado de granjeros que todos los fines de semana atrae a cientos de turistas, con 30.000 vecinos volcados en cuerpo y alma en todo tipo de asociaciones y cooperativas.
Ese lugar se llama Ithaca, queda a cuatro horas de Nueva York y es la punta de lanza del cambio de mentalidad que se está gestando en el corazón del imperio. Piensa globalmente, actúa localmente.. .
Ithaca no es el paraíso, y a simple vista no se distingue en exceso de la típica ciudad de provincias del noreste. Tiene, sí, el sello de la reputadísima Universidad de Cornell, pero hasta en eso se parece a tantas otras. Lo que diferencia a Ithaca es una energía especial, un imán que sólo tienen ciertos lugares elegidos.
Sólo así se explica que aquí se crearan hasta 50 comunas en plena eclosión del movimiento hippie. Los jóvenes idealistas se cortaron la melena, se hicieron prácticos. Muchos de ellos decidieron echar raíces en la ciudad y esparcir las semillas del cambio en el mundo real.
En 1989 llegó un alcalde socialista, Ben Nichols, y ahí empezó la leyenda de la ciudad más innovadora y creativa de Norteamérica. La declaración de independencia de Ithaca empieza a percibirse desde que uno camina por The Commons, el paseo peatonal. Ni sombra de McDonalds, Burger King, Starbucks y demás bastiones del colonialismo cultural americano. Aquí son todo comercios autóctonos que exhiben orgullosos el cartel con la moneda local: «Se aceptan horas».
La primera vez que cayó en nuestras manos un billete de cinco horas de Ithaca, pensamos que trataban de jugar con nosotros al monopoli. El juego se acabó cuando intentamos comprar algo con él y la dependienta nos preguntó: «¿El cambio lo quiere en dólares o en horas?». Cuesta creerlo, pero sucede todos los días a 300 escasos kilómetros de Wall Street.
La gente de Ithaca tiene sus propios billetes, mucho más coloristas y divertidos que el dólar (ilustrados con niños, flores, granjas y animales de la zona). El dinero local lo aceptan en la mayoría de las tiendas, y es la forma habitual de pago para las chapuzas caseras, las clases particulares o las terapias alternativas. La Cámara de Comercio respalda los billetes locales, aunque el verdadero aval es el trabajo y el patrimonio de los ciudadanos y su voluntad de aceptarlos como moneda alternativa.
Es como el trueque de toda la vida, aunque de un modo más formal y con todas las de la ley.Las horas mueven, al cambio, unos 400 millones de pesetas al año que nunca saldrán de la ciudad. «Los dólares son un instrumento alienante, al servicio de fuerzas destructivas» , nos explica Paul Glover, héroe local y mentor de las horas. «Con nuestro dinero estamos creando una riqueza que no nos van a arrebatar y unos lazos que refuerzan día a día nuestra comunidad».
Una hora vale lo que 10 dólares, el «salario mínimo» que han decidido regalarse los ciudadanos de Ithaca (casi el doble que el nacional).
«Nuestro dinero no genera avaricia, sino solidaridad», presume Glover, cuya última gesta ha sido la creación de una cooperativa de salud que da cobertura a todos los que no pueden pagarse el seguro médico en la ciudad.
La creatividad de Ithaca es contagiosa, y las horas han encontrado ya réplica en 38 estados tan distantes como Hawai (Ka/u Hours), Massachusetts (Valley Dollars) y Carolina del Norte (Mountain Money). La ciudad ha marcado también la pauta nacional con dos programas innovadores de reciclaje de bicicletas y ordenadores.
ECOALDEA
Pero si algo la hace verdaderamente irresistible a los ojos de cualquier amante de la naturaleza es la Ecoaldea. La Ecoaldea queda en las lomas del sinuoso lago Cayuga, en un bosque que un puñado de vecinos arrebató a los especuladores inmobiliarios. Siguiendo el modelo de las cooperativas danesas, y procurando el menor impacto en el entorno natural, nació un proyecto de veinte casas arracimadas en torno a un paseo peatonal, alimentadas con energía solar, abastecidas por su propia granja biológica.
Los coches se dejan en el granero de la entrada. Los niños corretean a sus anchas, se bañan en el estanque, aprenden a reconocer los cantos de infinidad de pájaros. Son 90 vecinos en total, unidos por la voluntad de vivir de otra manera, más humana y solidaria. «El individualismo a ultranza y la cultura del coche han dinamitado la sociedad americana», se lamenta Liz Walker, la alcaldesa de la Ecoaldea. «Nuestras ciudades son desiertos, y por todo los sitios crecen cinturones de asfalto y mastodontes comerciales. La gente se marcha a vivir con toda su ilusión al chalé en las afueras y el sueño se convierte en una pesadilla: atascos a todas horas, aislamiento e incomunicación, la sensación de no pertenecer a ningún sitio…».
«Pues bien, no hay por qué resignarse a ese tipo de vida», sugiere Liz. «Aquí, en la Ecoaldea , estamos buscando otro modelo, a caballo entre la vida urbana y la vida rural. Todos venimos buscando un contacto más directo con la naturaleza y unos ciertos lazos de comunidad. Somos 90 vecinos, y cada cual hace su vida, pero también algo por los demás».
ARCATA: Bicicletas y reciclaje
Dejamos atrás Ithaca y su cocedero de innovaciones sociales, y saltamos a la otra costa, siguiendo el rastro del bosque de secuoyas gigantes que en tiempos llegaba hasta San Francisco. Allí, en la costa del Pacífico Norte, nos encontramos con Arcata, la primera ciudad americana con un Ayuntamiento verde. La bicicleta y el reciclaje son la religión diaria de sus 16.000 vecinos, que contribuyeron con sus manos a crear el Santuario de la Vida Silvestre , donde hoy anidan 50 especies de pájaros.
Desde Arcata podríamos subir en tres horas hasta Portland, Oregón, bandera del movimineto del renacimiento urbano. Portland fue la primera gran ciudad en poner freno a la marabunta de los adosados y en proteger cientos de hectáreas de espacios verdes. Trolebuses gratis, amplias zonas peatonales, cientos de kilómetros de carriles-bici. .. La trasformación prodigiosa de la destartalada ciudad industrial en el centro vital que es ahora fue sobre todo fruto de la labor de los vecinos, agrupados en la Coalición para el Futuro Vivible.
Una metaformosis parecida ha sido la que ha experimentado en estos últimos años Chattanooga, Tennesee. En 1970 era la ciudad más contaminada de los Estados Unidos; los vecinos y las empresas locales, unidos en un proyecto que decidieron llamar Visión 2000, emprendieron la operación rescate. Chattanooga es hoy un modelo de desarrollo sostenible.
Providence, Burlington, Madison, Northampton, Iowa City, Santa Fe… Estados Unidos está cuajado de provincias rebeldes donde empieza a tomar cuerpo la impostura contra los símbolos más visibles del imperio. Hay quien insiste en que no son más que brotes aislados de la contracultura de los años 60, pero lo cierto es que la onda expansiva está cuajando ya en grandes ciudades como Boston o Seattle. ¿Hace falta recordar lo que ocurrió allí?



Lo que muchas mujeres desean

domingo, 6 de febrero de 2011

BARRO TAL VEZ



Barro Tal Vez

Luis Alberto Spinetta


Si no canto lo que siento

me voy a morir por dentro.

He de gritarle a los vientos hasta reventar
aunque solo quede tiempo en mi lugar.

Si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada.
He de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar.

Ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez....
Y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar.

Ya me apuran los momentos
ya mi sien es un lamento.
Mi cerebro escupe ya el final del historial
del comienzo que tal vez reemprenderá.

Si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada.
He de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar.

Ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez...

Y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar.

El tiempo todo calma.. la tempestad y la calma

¿¿¿Por qué (te) mientes???


Entre la necesidad y el fraude

Todos, en mayor o menor medida, por acción o por omisión, mentimos. Lo hacemos en la medida que no decimos lo que pensamos o que decimos lo que no pensamos o no sabemos, o incluso lo que sabemos incierto. La pérdida de la espontaneidad es un proceso evolutivo cuyas etapas vamos consumiendo desde niños, conforme se asienta en nosotros la convicción de que la sinceridad no siempre es posible ni conveniente porque puede causar perjuicios al receptor de la comunicación, o al propio emisor.

Hay mentiras socialmente más positivas que ciertas verdades incontestables: son muchas las situaciones en que una mentira sabiamente trasmitida genera un efecto beneficioso, o cuando menos paliativo, como para que establezcamos categorías morales radicales sobre esta aparente dicotomía ética: verdad-mentira. Si a esto unimos que todos, antes o después, mentimos u ocultamos verdades relevantes, quizá convendría desdramatizar el hecho de la mentira para poder así abordarlo con más sensatez y sentido de la medida.

La intención cuenta, y mucho
Según el diccionario mentir es "decir algo que no es verdad con intención de engañar". Y si buscamos una definición más académica, nos topamos con "expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, cree o piensa". Así que quien engaña o confunde sin ser consciente de hacerlo, no miente: simplemente trasmite a los demás su propia equivocación.

La relación que cada persona mantiene con la mentira -además de decir mucho de ella-, es bien distinta a la de los demás. Hay quienes sólo recurren a la mentira cuando es compasiva, o cuando les proporciona resultados positivos sin generar engaño importante o si se trata de un asunto banal. Y también los hay que mienten a menudo, casi por costumbre y sólo en temas poco relevantes. Pero no podemos olvidar a quienes mienten esporádicamente pero a conciencia, generando daño a los demás o persiguiendo beneficios personales. Y también los hay que mienten, o callan verdades necesarias, por timidez, por vergüenza o por falta de carácter.

Por último, citemos a los mentirosos patológicos, que mienten con una facilidad pasmosa, ya sea por conveniencia ya por una absoluta y cínica falta de respeto a la verdad.

¿Por qué mentimos?
Algunas personas no mienten nunca (o casi nunca) por razones bien distintas de la ética: por miedo a ser descubiertos, por pereza (no hay que recordar los detalles de la mentira en el futuro), por orgullo ("¿cómo voy a caer yo tan bajo?")... Pero, si lo pensamos bien, razones bien similares son las que pueden impulsarnos a mentir u omitir, en determinadas circunstancias, lo que pensamos o sabemos. Porque verdades como puños muy inoportunas, o que ofenden o incordian. Tan importante como el hecho de mentir o decir la verdad es la INTENCIÓN con que se hace una u otra cosa. Y he ahí el verdadero dilema moral. Una mentira que a nadie daña o incluso reporta beneficio a su destinatario puede ser más defendible que una verdad que causa dolor innecesariamente. Mentimos por muchas razones: por conveniencia, odio, compasión, envidia, egoísmo, o por necesidad, o como defensa ante una agresión... pero dejando al margen su origen o motivación, no todas las mentiras son iguales. Las menos convenientes para nuestra psique son las mentiras en que incurrimos para no responsabilizarnos de las consecuencias de nuestros actos. Y las menos admisibles son las que hacen daño, las que equivocan y las que pueden conducir a que el receptor adopte decisiones que le perjudican. Concluyamos, por tanto, que los dos parámetros esenciales para medir la gravedad de la mentira son la intención que la impulsa y el efecto que causa.

Ocultar y falsear
Quien oculta la verdad retiene parte de una información que para el interlocutor puede ser interesante pero, en sentido estricto, no falta a la verdad. Sin embargo, quien falsea la realidad da un paso más, al emitir una información falsa con etiqueta de real. Resulta más fácil mentir por omisión (no se necesita urdir historias inciertas, y hay menos posibilidades de ser descubierto) y socialmente este tipo de engaño se tiene por menos censurable, a pesar de que puede resultar tanto o más dañino e inmoral que la mentira activa. Se recurre asimismo al falseamiento cuando se ocultan emociones o sentimientos que aportan información relevante al interlocutor, en la medida que pueden inducirle a error de interpretación o a iniciar acciones inadecuadas.

También podemos mentirnos a nosotros mismos, por evitar asumir alguna responsabilidad, o por temor a encarar una situación problemática, o por la dificultad que no supone reconocer un sentimiento o emoción. Invariablemente, antes o después, este autoengaño nos lleva a mentir a los demás.

Otras formas de mentir son las "verdades a medias" (el mentiroso niega parte de la verdad o sólo informa de parte de ella) y las "verdades retorcidas", en las que se dice la verdad pero de un modo tan exagerado o irónico que el interlocutor, casi ridiculizado, la toma por no cierta.

La mentira tiene sus clases
La mentira racional persigue un interés concreto, es malévola y se emite con al intención de perjudicar o engañar. En la mentira emocional, lo que se dice o hace no concuerda con la situación emocional de la persona. Y en la mentira conductual hacemos creer que somos lo que no somos: más jóvenes, mejor informados, menos anticuados... Pero hay también otras clases de mentiras: chismes, rumores y las mentiras piadosas: . El mentiroso no tiene edad y la mentira puede darse en todo el ciclo de vida. Veamos lo que apunta De Vries :"El niño es mentiroso en la medida en que sus fantasías se hacen presentes para confundirlas con realidades. El adolescente lo es cuando su encuentro con el mundo real le causa frustraciones. El joven miente porque no se ve capaz de afrontar las verdades que le contrarían. El adulto es mentiroso cuando no ha superado los obstáculos que le ha puesto la vida, y engaña para sentirse el triunfador que nunca ha sido. Y el anciano miente cuando no se perdona los errores que ha cometido a lo largo de su existencia".

Nuestra relación con la mentira (con qué frecuencia mentimos y qué gravedad tienen esas mentiras) la podemos ver como un baremo que mide nuestro grado de responsabilidad y madurez, cómo afrontamos las frustraciones, y si mostramos una coherencia en las actitudes y comportamientos en nuestra vida.

Mentira y confianza
El cimiento sobre el que se edifican las relaciones humanas es la confianza. La relación entre los seres humanos no precisaría de la confianza si fuéramos transparentes, pero no lo somos: el descubrimiento absoluto de nuestra intimidad, al contener propósitos e intenciones que podrían torpedear el diálogo, frenaría la relación social. Recurrimos, todos, a un protocolo de comunicación, y el fingimiento, el disimulo y la mentira son -aunque cueste reconocerlo- componentes esenciales de ese convenio. No somos igual de sinceros ante unos que ante otros, esto es obvio. Todos mostramos un cierto grado de opacidad ante los demás. Y no siempre más sinceridad genera una mayor confianza. La información es poder: saberlo todo sobre alguien equivale a una forma de posesión. Y en cierto sentido, la hondura de la amistad o del amor se miden por el grado de conocimiento recíproco de la intimidad, y por la confianza existente entre los interlocutores. La confianza es una actitud básica, porque preside la totalidad de las interacciones. La necesitamos, pero la usamos en las dosis que, según nuestro criterio, cada caso precisa. En el momento que surge la comunicación con otra persona hemos de depositar en ella cierto grado de confianza, que es el termómetro de la implicación y vinculación que mantenemos con esa persona. Apostar por la confianza del otro es considerarle de fiar.

Fiarse de alguien significa creer que las probabilidades de ser engañado son muy escasas o inexistentes. Si queremos ser creíbles, gozar de la confianza ajena, tendremos que olvidar el engaño, la mentira. El crédito que tenemos ante los demás es un tesoro frágil y no perenne, ya que se actualiza y revisa en cada acción, en cada diálogo, que acaban convirtiéndose en una constante prueba de confianza. Es responsabilidad de cada uno de nosotros relacionarnos desde la verdad, lo que no implica el ofrecimiento de toda la intimidad. Cada cual y en cada momento ha de valorar qué y cuánto de su intimidad quiere participar al otro.

La mentira puede hacer daño al destinatario pero en última instancia a quien más perjudica es al mentiroso, ya que le convierte en una persona poco fiable, indigna de confianza y carente de crédito. Lo dice el refrán: "En la persona mentirosa, la verdad se vuelve dudosa".

Algunas verdades sobre la mentira

Hay muchas clases de mentira: algunas pueden ser convenientes, pero lo más correcto es recurrir al engaño lo menos posible.
Sin intención de engañar, no hay mentira.
La intención que la motiva y los efectos que causa definen la gravedad de una mentira.
La mentira es tan dañina para quien la recibe como para quien recurre a ella.
Una nos lleva a otra, y puede marcar (siempre negativamente) nuestra manera de relacionarnos con los demás.
El mentiroso es un inseguro, o egoísta, o irresponsable, o inmaduro. O todo ello a la vez.
Una de las más perniciosas clases de mentira es el autoengaño. Si nos creemos y mostramos como no somos, nunca sabremos si nos quieren o desprecian a nosotros o a la imagen fraudulenta que nos hemos fabricado.

Para ti yo soy solamente una bambola

Bueno... o eso crees !?